Aprendiendo a enseñar
Estar en la zona de confort es lo que muchos docentes hemos hecho durante mucho tiempo: conozco mi salón de clases, interactúo con mis estudiantes, utilizo recursos manejables, tengo todo programado para impartir docencia y claro, como tengo tantos años haciendo esto mismo, estoy segura de que me saldrá bien.
Siempre utilizo estrategias novedosas que me ayudan a crear un ambiente propicio para el aprendizaje, pero en estos días desde que la pandemia COVID-19 ocupa los encabezados de los periódicos, mi zona de confort se ha visto afectada.
¿Y ahora, cómo enseño en la virtualidad?
Las universidades encaran una realidad que no sabemos cuándo cambiará. Es necesario asumir la tarea de formar a los profesionales de la educación para la utilización de recursos tecnológicos en interacción educativa. Esto implica salir de la zona de confort, pues mi aula está en las pistas de un disco duro, desde donde debo llegar a mis estudiantes y lograr la apropiación del conocimiento.
¿Qué sucederá, entonces con el analfabetismo tecnológico del que sufren muchos de nuestros docentes?
¿Cuál es el papel de la universidad en una situación como esta?
¿Qué estamos haciendo para la auto formación?
¿Cómo salgo de mi zona de confort sin que esto sea una catástrofe?

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