Inserción laboral: empatía y clima social
La
experiencia al iniciar un trabajo, en un nuevo lugar o por primera vez, a veces
es algo aterrador. Miles de pensamientos
pululan por nuestra mente y sentimos que en el estómago revolotean mariposas, lo
cual nos recuerdan todo lo que puede salir mal.
Entrar a un
lugar en donde observas de primera impresión que todos están bien ubicados y
aparentan conocer a la perfección su oficio, produce cierto desconcierto,
siendo tú quien debe insertarse y tratar de ser similar a ellos con respecto a
tus funciones. Esa ansiedad, causada por
la incertidumbre de no saber si encajarás en ese sitio o lo que es peor, no
estar seguro de que podrás desenvolverte en el trabajo para el que fuiste
contratado, es la que muchas veces nos lleva al límite.
Increíblemente, es en el primer día de trabajo en el cual cometes todos
los errores. No importa cuán diestro
seas, se te cae el pisapapeles, rompes algún instrumento, haces un ruido fuera
de lugar o cometes alguna imprudencia.
Esto se vuelve agudo cuando te das cuenta de que algunos ojos curiosos
te miran con desaprobación.
De modo
que, sentir una mirada cálida, una mano que te brinda apoyo o recibir un sabio
consejo, sería un aliciente que evitaría que salgamos huyendo. Pero ¿Cuánta empatía puede existir en el
personal que conforma a una empresa?
La empatía
es la capacidad de colocarse en los zapatos del otro. Es tener la habilidad de convertir la bondad
en acciones y esto, puede hacer la diferencia.
Instruir al compañero nuevo para que aprenda a conducirse en la oficina
o en la empresa, enseñarle a quién dirigirse para hacer solicitudes o gestionar
procesos y el simple hecho de acompañarlo a la hora del almuerzo, puede
provocar un cambio positivo. Este cambio
afectará, no solo a la persona que está siendo beneficiada, sino también, a la
imagen de la empresa y la reputación de los colaboradores que la componen.
En muchas
ocasiones corremos con la suerte de encontrarnos con este tipo de
solidaridad. Esto hace que, aunque el
trabajo no cumpla del todo con nuestras expectativas, permanezcamos en él, pues
creamos lazos que se van fortaleciendo a medida que pasa el tiempo. Sin embargo, encontrar un frente que te mira
con recelo, cuyo lenguaje corporal impide que te animes a solicitar su ayuda, o
convivir laboralmente con un personal que se niega a apoyar cuando lo
solicitas, es una de las dificultades que más impulsa a abandonar un empleo.
Insertarse
laboralmente en un mundo competitivo y frío es un verdadero reto, uno que
muchas veces es difícil de enfrentar. Se
experimenta la soledad o el aislamiento social, cuando no encuentras con quien
compartir ni puedes confiar en los que están a tu alrededor. También es evidente el temor que nos hacen
sentir aquellos que, con ínfulas de superioridad nos muestran lo poco que sabemos
del entorno. Este fenómeno suele darse,
debido a que a medida que pasa el tiempo, nos olvidamos de lo que se siente al
llegar por primera vez a un lugar que debes hacer tuyo y pasamos al lado
opuesto de la barra, en donde dejamos de ser la víctima para convertirnos en los
victimarios, ya sea consciente o inconscientemente. Y esto es algo que hacemos con mucha
facilidad.
Nuestras
empresas deben prestar seria atención al clima social en el ambiente
laboral. Es necesario preocuparse por el
sentir de los demás, pues no solo hacemos, sino que también somos,
por ende, es sumamente preponderante brindar el apoyo necesario a los que
recién inician una labor que, a lo mejor conocen muy bien, pero que deben
desempeñar en un lugar totalmente desconocido.
Contar con un ambiente laboral óptimo, es decir: empático y sociable, es
tan necesario como tener buenos profesionales desempeñando sus distintos
roles. Si bien es cierto que el 15% de
los conocimientos asegura el éxito profesional, también es cierto que, un 85%
de la actitud es parte fundamental para lograr el cometido (Harvard, 2022).
Ser
confrontados por declaraciones como estas nos deja la mente embadurnada de una
serie de inquietudes que no podemos ignorar, pero que ignoramos para que todo
siga marchando, a pesar de la inestabilidad emocional de los que componen la
empresa. El “fuego cruzado” no es
propicio, el acoso laboral debe ser castigado, la falta de empatía debe
enfrentarse. Es tiempo de que
sensibilicemos a nuestros colaboradores, no solo con un sinnúmero de charlas y
talleres, sino también, modelando el ejemplo, llamando las cosas por su nombre
y defendiendo a aquellos que son oprimidos por los que consideran que tienen el
poder, sea cierto o no.
Proveedores de RRHH (2022). Skills más demandadas para
el 2022. Harvard University.
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